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Campamento de verano para adolescentes

Adolescentes compartiendo actividades en un campamento de verano en Molino de Butrera

Llegan con la mochila y una mezcla difícil de ocultar entre ganas, vergüenza y duda. Además, durante esos días dirán adiós al móvil. En Molino de Butrera no hay pantallas.

Algunos vienen con un amigo. Otros no conocen a nadie.

Los padres se despiden y, en los primeros minutos, muchos jóvenes hacen justo lo mismo: mirar alrededor para ver dónde encajan.

Y entonces empieza el campamento.

Primer día: ¿Con quién me ha tocado?

Para un joven, una de las grandes preocupaciones al llegar no suele ser el plan del día siguiente.

Es el grupo.

Quién duerme conmigo. Quién tiene mi edad. Si voy a caer bien. Si hay alguien parecido a mí.

Las primeras horas sirven justo para romper esa barrera.

Cuartos, juegos de presentación, nombres que aún se confunden y las primeras bromas.

Por la noche, algunos que unas horas antes ni se conocían ya hablan como si llevaran mucho más tiempo juntos.

campamento de verano para adolescentes

Segundo y tercer día: la vergüenza se va

Cuando comienza la parte real del campamento sucede algo curioso.

Hay que remar juntos, orientarse, preparar algo, participar en un juego, ensayar una canción, subir una pared o resolver un reto.

De repente ya no hace falta buscar tema de charla.

Está pasando algo que obliga a hablar.

Las amistades suelen empezar así: compartiendo una experiencia.

Y poco a poco el joven que llegó mirando todo empieza a formar parte del grupo.

Algo cambia cuando los padres no están

No porque los padres sobren.

Sino porque, cuando no pueden recurrir ya a ellos, los jóvenes descubren que son capaces de resolver muchas más cosas de las que pensaban.

Tienen que acordarse de sus cosas. Apañarse. Llegar a tiempo. Preguntar cuando necesitan algo. Negociar con sus compañeros. Resolver pequeños conflictos.

Son situaciones al parecer pequeñas, pero ahí se está construyendo autonomía.

Y quizá esa sea una de las partes más valiosas de un campamento de verano para adolescentes.

campamento para adolescentes de 15 a 17 años

Las charlas también son distintas

En un campamento hay mucho tiempo compartido.

Una caminata. La espera antes de una actividad. Una noche mirando el cielo. Una charla en el cuarto cuando ya debería haberse hecho el silencio.

En esos momentos aparecen charlas que quizá no surgen durante el curso.

Hablan de música, amistades, instituto, miedos, personas que les gustan, cosas que les preocupan y planes que imaginan para su futuro.

Lejos de sus círculos habituales pueden sentirse también más libres para mostrarse de otra manera.

Descubren dotes que quizá no conocían

No todos los jóvenes destacan en los mismos contextos.

El instituto favorece ciertas habilidades. Un campamento pone en juego muchas otras.

Puede aparecer el que sabe calmar al grupo cuando algo sale mal, la que tiene una gran habilidad para ordenar, quien anima a todos durante una ruta o aquel joven en apariencia reservado que sorprende al liderar una actividad.

Cambiar de escenario permite también cambiar, durante unos días, el papel que cada uno ocupa.

campamentos para jóvenes

Y llega un momento en el que dejan de contar los días

Los primeros días alguno pregunta cuánto falta.

Después empieza a pasar lo contrario.

¿Ya es jueves?

Las rutinas del campamento se han vuelto normales. Ya saben dónde sentarse, quién tarda más en prepararse, qué monitor cuenta los peores chistes y quién será quizá el último en dormirse.

Se ha formado un grupo.

El último día

Las mochilas vuelven a aparecer.

Pero la escena es bastante distinta a la de la llegada.

Ahora hay mensajes y firmas en las camisetas, contactos que intercambiar, fotos, abrazos, promesas de verse y alguna lágrima que nadie esperaba.

Los padres recuperan a su hijo o hija.

A veces parece el mismo de siempre.

Pero quizá se lleva algo que no estaba en aquella mochila el primer día: una pequeña dosis más de autonomía, confianza y mundo propio.

En Molino de Butrera llevamos viendo este proceso desde 1996 y, gracias a las familias que confían cada año en nosotros, esperamos seguir así muchos más años.

Los programas cambian, las épocas cambian y también cambian muchas cosas que interesan a los jóvenes.

Pero hay algo que sigue.

La necesidad de pertenecer, descubrir, hacer amigos y comprobar que pueden valerse sin tener siempre a sus padres al lado.

Quizá por eso un campamento de verano sigue teniendo tanto sentido justo en la juventud.

Campamento de verano para adolescentes

Preguntas frecuentes sobre campamentos de verano para adolescentes

¿Es buena idea que un joven vaya solo a un campamento?

Sí puede serlo. Llegar sin amigos puede generar cierta duda al principio, pero también facilita que el joven se abra a conocer a todo el grupo y forme relaciones nuevas.

¿Qué aporta un campamento a un joven?

Los beneficios del campamento en adolescentes van más allá de la diversión. Puede favorecer autonomía, convivencia, sentido del deber, capacidad para resolver pequeños problemas y nuevas relaciones sociales.

¿Qué tipo de campamento elegir?

Conviene tener en cuenta los intereses y el carácter del joven. Entre los campamentos para jóvenes, los campamentos juveniles y los campamentos de aventura para adolescentes hay opciones muy distintas. Si buscas un campamento para adolescentes de 15 a 17 años, mira bien cómo trabaja cada programa la autonomía de los adolescentes.

¿Cómo saber si un campamento está preparado para jóvenes?

Es importante que las dinámicas, normas, espacios de autonomía y supervisión estén adaptados a su edad y que exista un equipo acostumbrado a trabajar específicamente con jóvenes.

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